“El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”
Soy profesora de educación primaria, por descendencia, por vocación, porque me gusta. Es cierto que últimamente la imagen de profesor está muy deteriorada, pero yo no quiero ser ese maestro señalado, eso solamente depende de mi desempeño y de mi significado personal.
Mi vocación nació desde niña, al sentir la necesidad de hacer algo por los demás, es cierto, empezó como un juego, pero a lo largo de los años me doy cuenta que no es así. Mi formación docente inició en el 2001 al ingresar a la escuela normal y entré a las filas del magisterio oaxaqueño en 2005, y desde ese entonces quiero dejar una huella positiva en las comunidades, escuelas, compañeros, alumnos y en mi misma.
Ser maestro significa responsabilidad, significa ser un ejemplo de vida para todos los que te conocen, un maestro no practica la doble moral.
Debo reconocer que es muy fácil escribir que pienso y siento al ser profesora, pero mi pregunta sería ¿qué hago?, si me pongo a pensar en la respuesta a esta pregunta mi mente se arremolina y no sabe que escribir, puedo contestar que hago mi planeación, que busco mi material, que busco una manera razonable de llevar a cabo mi práctica docente, que tomo en cuenta los intereses del niño, el contexto en el que se desarrolla, pero luego surge otra pregunta ¿para qué? Para ser un agente de cambio, para demostrar que soy una buena maestra, para lograr que el niño sea una persona que desarrolle competencias adecuadas a su proyecto de vida y sea una persona productiva en la sociedad. Empero considero que no hago nada innovador, repito metodologías, ¿será que todo está dicho en la docencia?, ¿qué hacer para que tu práctica educativa marque un antes y un después?
Supongo que cada maestro con su propio estilo logra diferentes metas que a veces no son medibles, sobre todo no tienen previstas, es importante reconocer que un maestro no sólo enseña contenidos en el salón de clase sino también fuera de él y a veces son más significativas que lo que se dice en el aula.
Toda esta gama de conocimientos, habilidades, actitudes y valores (competencias) que desarrollamos en nuestro quehacer docente marca también el desempeño del alumno. He entendido que si no tenemos esas competencias profesionales no podremos llevar a cabo nuestra empresa. Aun así creo que he tenido muchas satisfacciones por ejemplo que mis alumnos en su mayoría siguen estudiando y que algunos están por ingresar a la universidad, que todos ellos me saludan cuando me llegan a encontrar, que las personas de las comunidades en las que trabajé se acuerdan y sobre todo cambiaron algunas actitudes negativas que las distinguían a mi llegada, eso me motiva a seguir preparándome, a animar a otros compañeros a sumarse al trabajo, a no dejarme llevar por “la corriente” y a seguir investigando por el bien de los alumnos y de la comunidad en que trabajo.